jueves, 23 de mayo de 2019

Las malditas expectativas

Inevitablemente, desde siempre, nos proyectamos hacia el futuro.
Hacia un futuro en el que imaginábamos grandes cosas, hasta que un día te detiendes y echas la vista atrás, recuerdas como era aquel futuro, y te das cuenta de que son muy pocas las expectativas que se han cumplido, tanto en relación a cuestiones sentimentales o profesionales, como en relación a situaciones vitales.

Ocurre siempre del mismo modo, la vida se te desborda, y no puedes hacer nada.  Son siempre las putas expectativas las que parecen jodernos el presente mientras seguimos corriendo, buscando algo que ni siquiera sabemos qué es.

Son siempre las expectativas y la falta de certezas las que nos impiden disfrutar. Y es una pena, porque vida no vamos a tener más que una y mientras toda esa mierda nos obsesione la búsqueda de la felicidad será nuestra mayor causa de infelicidad, de insatisfacción y de frustración.

Que la vida resulta incontrolable e incierta es algo que he aprendido hace demasiado poco, de forma devastadora, y resulta muy difícil colocarlo todo en su sitio de nuevo. Creedme que lo estoy intentando y parece que hay pequeños momentos de calma, de paz. Y a lo mejor se trata de eso, porque la felicidad no se encuentra nunca, llega de forma inesperada cuando dejas de buscarla.

Y mientras, hay que coleccionar buenos momentos.

Porque tenemos que vivir. 




jueves, 28 de marzo de 2019

Y, de repente, el niño se convierte en adulto

Los cambios más traumáticos de nuestras vidas tienen la capacidad de reordenar nuestras prioridades, otorgándoles un nuevo valor.

Antes creíamos que ciertas cosas eran importantísimas y realmente se nos iba la vida en ello. Es curioso como a través de experiencias difíciles pasamos a prestarles la misma atención que ponemos al sonido de una lluvia que se prolonga a través de los días.

Aceptas, asumes y te resignas. Y en medio de todo ello, encuentras pequeñas fortalezas de paz inmensa en las que redescubres el calor del sol sobre tu piel, el frío del agua del mar o la sensación de la arena rugosa bajo tus pies. Una conversación, una mirada, una caricia, un beso. Tal vez no los sientes como antes, pero los sientes, de forma diferente y muy despacio.

Un niño juega con una pala en la arena, y no deja de gritar, eufórico:
 
 - "¡Mira mamá, es una sorpresa!"

No puedes evitar sonreír ante tanto entusiasmo y, al mismo tiempo, te esfuerzas por retener las lágrimas. Sientes que te han robado la infancia de un plumazo, a ti, que siempre habías intentado conservar parte de ella en un rinconcito para que pudiera reconfortarte en esos momentos en los que todos queremos ser niños de nuevo. Por primera vez sientes el peso de ser un adulto y, aunque no te consideres una persona inmadura, resulta abrumador.

Siempre has odiado todos esos mensajitos, más o menos banales, de que la vida se encuentra en las cosas pequeñas, en los momentos que pasan desapercibidos. Siempre has puesto tu atención en otras cosas, en grandes metas, siempre te has esforzado, porque era lo que tenías que hacer; y de repente te encuentras enfrentando el abismo para comprender que tal vez sea cierto, que la vida se manifiesta en esos pequeños momentos.

Y es entonces cuando agradeces cada instante de ternura capaz arrancancarte una sonrisa.



 

domingo, 24 de febrero de 2019

20 días

Apenas han pasado 20 días.

Regreso a casa, para enfrentar de nuevo el vacío, la ausencia y el miedo.

A veces se te meten dentro, enraizan de forma muy profunda, pero es que has estado aquí 31 años, y eso para mí es toda la vida. Me río, respiro, sonrío... pero tal vez un poquito menos. No sé si algún día volveré a hacerlo como antes, pero es que el mundo ha cambiado tanto sólo con tu partida... No tienes ni idea.

Ha sido un fin de semana estupendo, me gustaría contártelo, me gustaría que conocieras a alguien con quien hablo mucho de ti. Dice que eres una persona especial, que lo ve a través de mí, y es que al final yo me he construído gracias a vosotros; dice que lo ve en mi forma de hablar de ti, y los ojos se me humedecen casi tanto como el corazón.

Sólo quiero que sepas que lo hace todo mucho más fácil, puede construir fuertes con almohadas, tiene anillos mágicos que giran y hasta una varita mágica. Fly no sabe como tratarlo (ya sabes que siempre fue un poco desconfiado) pero creo que al resto se los está ganando poco a poco. No nos dió tiempo, pero creo que os llevaríais muy bien. Tiene un montón de libros y películas en la cabeza de los que ni tú ni yo tenemos ni idea, y parece que el mundo es un poco más bonito en su presencia. 

No sé dónde estás, por desgracia es una de las tantas incertezas que debo enfrentar, sin embargo creo que si puedes verme, estarás de acuerdo en que me estoy esforzando en hacerlo lo mejor posible dadas las circunstancias. No puedo mentirte, a ti no, hay momentos terribles, y sé que lo serán durante mucho tiempo. Alguien a quien le tengo mucho cariño me explicó que nunca se deja de echar de menos, pero, con el tiempo, cambia el modo en el que lo hacemos. Para mí, es un consuelo escribirte.

En serio, ha sido un fin de semana brillante. Siempre aprobaste mi búsqueda de la luz, y sé que también lo harías ahora. Espero que estés sonriendo, porque de verdad, lo estamos intentando, pero es difícil vivir con tanto vacío. Hace un par de noches soñé contigo por primera vez. Me abrazaste. Y sé que de algún modo fue real.

Gracias.





viernes, 1 de febrero de 2019

De como un elefante puede sostener un mundo al borde del colapso...

Una noche regresas a casa con una pieza de ropa metida en una bolsa, poco importa el contexto, la procedencia, o el motivo.

Es el símbolo de una situación, de un mundo que ha girado sobre sí mismo hasta invertir papeles de forma absurda. Te sientes desorientado, perdido y muy pequeño. Parece que la realidad que tan bien conoces se tambalea. 

Duermes. Te despiertas. Desayunas. Vas a trabajar. Ves a tus amigos. Regresas a casa. (Sobre)Vives encadenando acciones normales carentes, por primera vez, de cualquier tipo de normalidad.

Y a veces dejas que el tiempo pase. Un par de horas. Sin nada. Suena música de fondo y divagas. Es como reiniciar tu batería vital.

Algo ha cambiado en medio de todo ese caos. Todavía no puedes entenderlo del todo, pero está ahí, cada vez más presente. Tiene forma de elefante, y ha llegado a través de una puerta muy pequeñita, tirando varias cosas a su paso.

Y a pesar de su aparente desorden, porta un caos que calma tus ansias y que en los momentos oscuros te hace sonreir. Llega cargado de historias, música, libros y nuevos significados.

Ha sabido siempre que la belleza está en los ojos de quien mira, entendiendo que el arte es un consuelo y que compartirlo puede ser un regalo.

Lo que no me esperaba a estas alturas, en momentos tan extraños, era un elefante mágico capaz de revolver mi vida dibujando sonrisas inesperadas.

Porque, a pesar de todo, siempre queda lugar para la esperanza.

Porque, cada día, es una maldita victoria. 

Gracias. Por aceptar mi desastre. 
 






sábado, 13 de agosto de 2016

Miedo

En ciertos momentos nos sentimos plenos, satisfechos, en la cresta de la ola. Creemos tenerlo todo y nos relajamos para coger aire.

Y de pronto, todavía aturdidos por el golpe, intentamos levantarnos escupiendo restos de arena y sal. La ola que plácidamente nos acercaba al sol se ha convertido en tormenta.

Entonces comprendemos que las cosas más puras de nuestras vidas se construyen con cristal y, tal vez, olvidamos que el cristal se rompe, que hay que pulirlo y protegerlo para que no se resquebraje.

Y ahí nos quedamos, en medio del oleaje, con un sabor amargo en la boca, empapados y perdidos e incapaces de entender por qué hemos perdido tantas cosas.

Nos creímos más fuertes que el mundo, que la distancia, que la vida. Nos conformamos con haber ganado una batalla sin ser conscientes de que en el amor, como en la guerra, nunca puedes bajar la guardia.

Y la derrota siempre duele, el fracaso siempre trae consigo incertidumbre, miedo... Sentimientos que creíamos haber desterrado de nuestro mundo hace mucho tiempo.

Y preguntas, demasiadas preguntas sin respuesta...

Tal vez amaine el temporal y el sol nos ayude a secarnos.

O tal vez no.

miércoles, 18 de mayo de 2016

Sobre el silencio, la música y las personas de nuestras vidas

Ha pasado otro silencio.

De esos que antes nos parecían terribles y que con los años hemos aprendido a aceptar como necesarios.

De esos que nos limpian por dentro para permitirnos volver con más fuerza o, al menos, siendo menos conscientes de las propias debilidades. 

Pero, cuando después de uno de esos silencios descubres una música que te estalla en la cara y que identificas como una de las mayores expresiones de amor que jamás habías escuchado... Entonces eres consciente de muchas cosas que nunca podrás agradecer lo suficiente.

Son esos pequeños descubrimientos, que nos vuelven locos, los que justifican una y otra vez esa inexplicable elección vital que nos ha arrastrado hasta aquí. Porque no tenemos remedio y, a pesar de todo, no sabríamos hacer otra cosa en nuestras vidas.

Porque no es justo hablar de sacrificio por haberlo dejado todo, haberte subido a un avión y empezar de nuevo. Porque el apoyo recibido es mucho. Porque yo me he ido pero hay quién se ha quedado poniendo en pausa media vida y dejándome volar.

Y un día, después de uno de esos silencios ensordecedores... Escuchas una música que te coge desprevenido, que te recuerda muchas verdades, que puede dibujar el amor a la perfección.

Y entiendes que le debes tus sueños.

Una y mil veces gracias. Por tu infinita paciencia.

Por hacerlo posible y no rendirte nunca.

https://www.youtube.com/watch?v=M-P183jzdfw

Y por otro lado, están todas esas personas que siempre han creído en nosotros, que son capaces de ver más allá de nuestros silencios y que siempre tienen un momento para recomponernos cuando nos venimos abajo. Sin vosotros nada sería posible.

sábado, 14 de febrero de 2015

Sobre los nuevos comienzos

Los cambios realmente profundos siempre vienen acompañados por un torbellino de inestabilidad emocional y, si no tomamos precauciones, la vorágine del cambio puede acabar con todas nuestras certezas hasta destruir parte de lo que somos.

Cuando has elegido un camino determinado, renunciando a la comodidad de muchos otros como respuesta a una vocación; cuando has vencido miedos terribles una y otra vez, cuando, a base de puro esfuerzo, porque nadie te ha regalado nada, has llegado a lugares a los que jamás habías creído poder aspirar, no puedes permitir que las circunstancias te hagan olvidar todos tus logros.

A fuerza de sufrirlo en carne propia cada vez entiendo mejor lo absurdo del sistema imperante. Todo debe suceder deprisa, debes mostrar unos resultados apropiados, pero sobre todo debes hacerlo rápido, o de lo contrario resulta que eres menos válido, que estás menos capacitado.

Mentira.

Este es el funcionamiento de un sistema de corta y pega, que pretende hacernos creer que todos somos iguales cuando la realidad es muy diferente. Cada vez creo más en la individualidad de la persona, en sus capacidades, en sus circunstancias y en la importancia de permitirle desarrollarse a su propio ritmo. Porque estoy harto de sentir una serie de frustraciones de las que no soy culpable, porque el factor tiempo es una cuestión muy relativa en el desarrollo y aprendizaje de cada persona.

Nadie puede decirnos como debemos sentir o entender ciertas cosas, a veces la motivación y las ganas funcionan a destiempo o simplemente desaparecen bajo la presión de una serie de fechas absurdas. 

Por eso, lo más importante es construir nuestras propias verdades. Y si no encajamos en el sistema que se nos impone... No significa que seamos menos capaces, ni peores que el resto, porque la realidad es que nuestro desarrollo y nuestras circunstancias han sido diferentes, únicas.

Y sin embargo, estamos aquí. Lejos de nuestra familia y de nuestros amigos, fuera de nuestra zona de confort, para intentar seguir transitando este camino que, para bien o para mal, nos ha convertido en lo que somos a día de hoy.

Otra realidad aprendida trata sobre la "profundidad" de lo que hacemos. ¿Cuántas veces se nos ha dicho que debemos ser "profundos" porque tenemos que expresar muchas cosas? Es otra gran mentira. No podemos forzar un sentimiento y, en ciertas ocasiones, después de un "parto" creativo, tras culminar un proceso de trabajo prolongado en el tiempo, nos sentimos vacíos, como si hubiéramos perdido una parte de nosotros mismos. Entonces, la única cura posible es un tiempo de silencio, más o menos prolongado, que nos permita reconstruirnos por dentro.

Porque así ha sucedido todo en nuestras vidas. A través de una transformación constante que nos enfrenta continuamente a una búsqueda de verdades que, en ocasiones, no conseguimos encontrar.

Y entonces mantenemos la esperanza de que el tiempo, finalmente, lo pondrá todo en su lugar.